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Llegamos al esperado tercer y último episodio de la leyenda de El Inombrable, como sabrán esta historia y sus personajes son ficción, pero cualquier parecido con la realidad, aunque así fuera, es pura coincidencia. Este episodio final nos sumerge en el sufrimiento, la maldad pura, la muerte, y el amor tratando de vencerlo todo, lo cual muchas veces es imposible de lograr. Así que sin más preámbulos, pueden pasar a leer el episodio completo luego del salto.


La Leyenda de El Inombrable – Episodio III

La batalla estaba por comenzar, la legión de seguidores del Inombrable se movilizaba hacía el pueblo de Iknisleh, eran millones contra solo unos pocos, la derrota era inminente. Los guerreros que formaban parte de dicha legión no conocían la verdad que se escondía tras estos hechos, el rostro amable de El Inombrable y el apoyo incondicional de la princesa los había confundido, ahora el poeta era el ser más odiado del reino.

Pero el poeta, noble como siempre, no deseaba el derramamiento de sangre inocente, él sabía que era una batalla sin sentido, y que miles morirían en vano, así que decidió hacer lo impensable, tratar de razonar con El Inombrable.

Para ello cabalgó durante horas hacía donde se encontraba el ejército del mal, pero al llegar, se dio con la sorpresa de que su amada princesa también estaba ahí, al verla, no pudo contener las lágrimas, por unos segundos sus miradas se cruzaron, la princesa agachó la cabeza, y en eso se escuchó una voz ronca y áspera que decía: “Dejadlo pasar”…

Los soldados agarraron con fuerza al poeta y lo llevaron hacía el trono del Inombrable, quien le dijo mientras se reía malvadamente: “A que habéis venido, no te bastó ser humillado en tu propio pueblo”…

El poeta le respondió: “He venido para hacerte entrar en razón, la muerte de inocentes no es justificable… sé que he perdido a la princesa, puedo aceptarlo… solo retira a tu ejército, y cada uno se irá por su propio camino… dile a tu guerreros que todo fue un error de parte mía, que fue mi culpa!!, solo haz que retrocedan”…

El Inombrable lo miró, soltó una carcajada, y le dijo: “Yo me alimento con el sufrimiento de los demás, me gusta verlos morir en mi nombre, además, hace ya buen tiempo que no pruebo sangre de inocentes”… “Pero si deseas paz, entregadme las riquezas de tu pueblo, y todo lo que recaudes a partir de ahora, serás uno de mis súbditos, mi esclavo personal”… “Y nunca, por ninguna razón, volverás a hablar con ella”…

El poeta sabía que al entregar las riquezas de su pueblo, éste prácticamente quedaría destruido y en la ruina, él no podía aceptarlo. En ese mismo momento se dio cuenta de que a este ser despiadado y cruel solo le interesaba el poder y el dinero, no le importaba nada, ni nadie más, así que le respondió: “Te daré todas mis riquezas, renunciaré a mi existencia, pero libera a la princesa de tu control mental… eso es lo que te ofrezco, solo acéptalo y evitemos este enfrentamiento”…

El Inombrable lo miró, y cuando parecía que iba a aceptar la proposición, dijo: “Entonces que comience la batalla”… Se levantó de su trono y ordenó a sus soldados que enfilaran a sus tropas, había llegado la hora de la destrucción. Ordenó además que dejaran ir al poeta, que sería un buen contrincante en el campo de batalla…

El poeta cabalgó de regreso a su pueblo lo más rápido que pudo, la batalla estaba por comenzar, entonces los guerreros del pueblo se despidieron de sus seres queridos, armados de valor y liderados por el poeta, avanzaron a paso firme hasta encontrarse cara a cara con el ejército del mal, a lo lejos se escuchó un grito que decía: “Por el amor de nuestra princesa!!!!!”… y así, la batalla comenzó…

Miles de guerreros se sacrificaron creyendo las mentiras de El Inombrable, los ríos de sangre corrían por lo que alguna vez fue el pacífico y hermoso bosque de Eetik, ahora todo era muerte y sufrimiento, la maldad en una escala jamás conocida. Fueron días y días de feroz y sangrienta batalla.

La princesa en el campamento escuchaba los gritos de dolor de los guerreros, las espadas chocando una con otra, no podía soportarlo, así que le dijo a uno de sus guardianes que la escoltara hacía el campo de batalla… al llegar vio los cuerpos de decenas de guerreros, unos sobre otros, y aún así la lucha continuaba, el Inombrable se encontraba en éxtasis total, contemplando lo que él mismo había creado, odio, destrucción y muerte.

Al ver esta escena, de los tiernos ojos de la princesa cayeron lágrimas de dolor, no podía creer lo que su amado Inombrable había causado, su sentimiento de culpa fue tan profundo, saber que ella era en parte responsable por tanta crueldad la entristeció de tal forma, que en ese momento sus rodillas le vencieron, se arrodilló, y gritó con toda la fuerza de su alma…

Su grito fue tan ensordecedor que la batalla se detuvo, todos voltearon a mirarla, ella cogió una espada ensangrentada y le gritó al Inombrable: “¿Que habéis hecho?”… y se clavó ella misma la espada en su delicado cuerpo…

El poeta corrió a ayudarla, los guerreros del mal no sabían qué hacer, todo había terminado, sin la princesa no había necesidad de una batalla, ella lo sabía, por eso decidió sacrificarse, y sin saberlo, hizo que el hechizo se rompiera….

Al llegar el poeta a su lado, ella entre lágrimas le dijo: “Lamento mucho haber causado tanto dolor… yo siempre te amé, y siempre te amaré…”, con ello la princesa dio su último respiro…

El dolor y sufrimiento del poeta era indescriptible, la tristeza se apoderó de todos los guerreros del mal, quienes finalmente comprendieron que todo esto había sido responsabilidad de este ser abominable conocido como El Inombrable, quien miraba esta trágica escena con una débil sonrisa en su cruel rostro…

El poeta se levantó, miró al Inombrable con todo el odio del cosmos, desenfundó su espada, y se dirigió hacia él… los guerreros le abrian paso mientras se iban retirando del campo de batalla, cargando a sus heridos…

Para el poeta, había llegado la hora de la venganza…

Pero entonces los poderosos hechiceros del Inombrable, en su cobardía, y sabiendo que su derrota era inminente, recitaron un hechizo que hizo que el espíritu de la princesa regresara a su cuerpo, y que sus heridas sanaran…

Ella al despertar dijo el nombre del poeta, quien al escuchar su voz volteó a verla, pero al bajar la guardia, el Inombrable le puso su maléfica daga al cuello… La princesa gritó desesperada: “Nooo!!! Por Favor!! No lo lastimes”…

Entonces El Inombrable le dijo: “Dejaré vivir a tu poeta, perdonaré a tu pueblo, pero solo con una condición, tendrás que pasar el resto de tu existencia a mi lado, y si estabas pensando en quitarte la vida, no lo pienses, porque entonces volveré y destruiré a tu reino”…

El poeta le grito: “No aceptes!!, prefiero morir que verte a su lado”…

La princesa, entre lágrimas, miró al poeta y le dijo: “Yo no puedo dejar que mueras, mi amor por ti es demasiado fuerte, prefiero vivir una vida llena de desdicha, que verte morir”

El poeta gritaba: “Noo!! Noo!!”… pero ya su decisión había sido tomada. Ella aceptó…

Los fieles soldados del Inombrable se llevaron a la princesa, y el poeta fue liberado… su última mirada fue la más enternecedora de todas, ambos sabían, que nunca más se volverían a ver…

Algunos años después, en el lejano pueblo de Iknisleh, las hermosas melodías volvían a dominar el reino de Aidnalnif, la linda voz de la princesa ahora se escuchaba en solitario, su tristeza y melancolía se veía reflejada en cada una de sus canciones, pero ella seguía adelante, sabiendo que posiblemente algún día, podría recuperar el amor perdido…

El poeta ahora iba de reino en reino tratando de hacer felices a todos con sus nuevas melodías, las cuales eran conocidas como Arewen, junto a tres de sus más fieles guerreros, Ocram, Akkuj y Uppme. Además los acompañaba Ettena, la ninfa de los bosques, quien había presenciado toda la destrucción originada por El Inombrable, y que se había ofrecido a ayudar al poeta, hasta que de alguna forma, o en algún momento, encontraran una manera de terminar con el poder del Inombrable… Algo que quizá nunca ocurrirá…