Muchos años han pasado desde la primera vez que escuché hablar de El Inombrable, en aquellos tiempos todo era felicidad en el lejano pueblo de Iknisleh, la bella música dominaba el reino de Aidnalnif, la princesa vivía una vida pacífica en su gran castillo, rodeada de sus mejores amigos, su linda voz era la bendición del pueblo, su sencillez era admirada por todos, y junto con el poeta, iban de reino en reino deleitando a todos con sus maravillosas melodías.

Pero la maldad y las ganas de poder de El Inombrable estaban por destruir lo que alguna vez fue el amor entre la princesa y el poeta. En algún momento del tiempo y del espacio, El Inombrable se rodeó de poderosos hechiceros, cuya misión era hacer que la princesa se enamorara de él, y de esa forma destruir sus sentimientos por el poeta, quien nunca tuvo el valor de declararle su amor a la princesa, ella sentía lo mismo, pero esperaba que él diera el primer paso.

Lamentablemente el destino ya había sido escrito en sangre, la línea que separa los sueños con la realidad había comenzado a fundirse con el poder del infinito, la maldad y el hechizo eran más poderosos, la princesa no tendría forma de escapar, ni de negarse ante él.

El Inombrable espero pacientemente hasta que ella se encontrara indefensa en una lejana Villa de Aciremadus, y entonces se acercó a ella como si fuera un amigo, y le dio de beber de la poción mágica, en ese momento todo cambió, confusión, caos, la princesa se sentía mareada, no podía controlar lo que sentía, El Inombrable había clavado sus malvadas garras en ella

El poeta al ver lo que estaba sucediendo, corrió tras ella para tratar de ayudarla, pero su poder era insignificante en comparación de la maldad pura y cruel de los hechiceros, que por siglos habían perfeccionado sus técnicas de destrucción y apropiación del alma de un ser humano. El poeta no sabía que ya era demasiado tarde, que los hechiceros ya estaban preparando el siguiente ataque, el cual iba a terminar con una traición, la traición de él hacia su princesa.

Continuará…